Un árbol lleno de vida

Exhortación del papa Leon XIV a seminaristas, formadores y obispos.

Xabier Segura Echezárraga

Un momento de la audiencia con el Pontífice   (@Vatican Media)

1. Introducción: El seminario como signo de esperanza

Una audiencia del Papa León XIV con los seminaristas de Cataluña y otras diócesis, formadores y algunos familiares, el 28 de febrero de 2026, ha sido un momento de gracia que invita a redescubrir el seminario como un verdadero «signo de esperanza» para la Iglesia. El Santo Padre evocó su propio itinerario vocacional, haciendo mención a la carta enviada al Seminario de San Carlos y San Marcelo en Trujillo, Perú —institución de la que formó parte durante años—, subrayando así que el camino formativo no es una teoría, sino una historia de salvación personal.

Pero el Papa quiso centrarse, precisamente, en aquello que sostiene silenciosamente todo el edificio de la formación: la mirada sobrenatural. En un mundo que tiende a la fragmentación, el Papa nos urge a cultivar esta perspectiva que permite integrar la propia humanidad en el misterio de Dios.

2. La mirada sobrenatural da unidad a la vida

La mirada sobrenatural no es un «añadido» piadoso a la vida natural, sino su fundamento último. El Papa recurre a la agudeza de G.K. Chesterton para iluminar esta realidad: «Quitad lo sobrenatural y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural».

El hombre no ha sido creado para la inmanencia; su diseño original es la relación viva con el Creador. Cuando esta mirada se oscurece, la vida no se vuelve simplemente «laica», sino que comienza a desordenarse desde dentro, cayendo en lo antinatural. No se puede ser presencia de Cristo sin ver el mundo a través de sus ojos.

Eje formativo central: La mirada sobrenatural no es una huida mística de la realidad ni un don que se improvisa en los momentos de crisis. Es una disposición del corazón que se aprende y se ejercita en lo ordinario de la jornada. Es el principio que otorga unidad a la persona, impidiendo que el cristiano viva fragmentado.

3. El peligro de la hipocresía interior: hablar de Dios sin vivir de Dios

La formación sacerdotal enfrenta hoy el desafío del «funcionalismo» y el clericalismo, donde el ministerio se reduce a una profesión de lo sagrado. El Papa advierte con severidad sobre la fractura entre el discurso y la existencia: «¿Qué podría haber más antinatural que un seminarista o un sacerdote que habla de Dios con familiaridad, pero vive interiormente como si su presencia existiera solo en el plano de las palabras y no en el espesor de la vida?».

El riesgo más insidioso es acostumbrarse a las «cosas de Dios» sin «vivir de Dios». Un teólogo pastoral debe insistir en que toda la estructura del seminario —el estudio, la liturgia y la comunidad— debe nacer de la primacía de la gracia. La elección divina es un don recibido «sin mérito nuestro», y olvidar esta gratuidad conduce inevitablemente a una vida de apariencias. Cuando la formación se vive como un mero cumplimiento, las prácticas intrínsecamente buenas se desnaturalizan y se vacían de su potencia transformadora.

4. La imagen del árbol: la paradoja de morir de pie

La salud del alma se manifiesta en la fecundidad, una categoría que el Papa distingue claramente del éxito pragmático. Tomando la imagen del Salmo 1, nos presenta al justo como un árbol cuyas raíces buscan la fuente.

Sin embargo, el crecimiento auténtico no es una progresión lineal sin dolor. El Papa señala que «el viento, el invierno, la sequía o la poda» son elementos constitutivos de la maduración espiritual. El árbol no es fecundo porque carezca de dificultades, sino porque su raíz es profunda. La advertencia es clara frente a la tentación de la imagen externa: «Se dice que los árboles mueren de pie, permanecen erguidos, conservan la apariencia, pero por dentro ya están secos». Esta «muerte de pie» es el drama de toda vocación que confunde la fecundidad con el activismo o el cuidado externo de las formas. Un corazón puede estar seco, aunque el cuerpo permanezca en el altar. La vida espiritual no fructifica por lo que se ve, sino por lo que está profundamente regado en Dios. Sin ese riego silencioso, la aridez espiritual termina por consumir la vocación desde el interior.

5. El Espíritu Santo y el cultivo de la presencia de Dios

Para evitar esta muerte silenciosa, es necesario recuperar la primacía de la vida interior. El Papa propone pautas concretas para el acompañamiento formativo:

  • La práctica de la presencia de Dios: Un ejercicio constante para mantener el corazón despierto, refiriendo cada instante a Aquel que nos habita.
  • La primacía de la gracia sobre los medios humanos: Si bien las herramientas de la psicología y la pedagogía son valiosas y necesarias, nunca pueden sustituir la relación personal con el Maestro. La formación es, ante todo, «estar con Él».
  • El protagonismo del Espíritu Santo: Él es el verdadero artífice de la configuración con Cristo en el seno de la comunidad cristiana. El Espíritu no solo consuela, sino que prepara una vida fecunda al servicio de la Iglesia, enseñando a corresponder a la gracia en lo ordinario.

6. Conclusión

La fidelidad vocacional se dirime en la decisión diaria de permanecer en el Señor o intentar sostenerse en las propias fuerzas. Pero este camino no se recorre en soledad. La Iglesia entera sostiene a sus hijos, como una comunidad viva. María Santísima, acompaña cada paso con su intercesión silenciosa. Con esta certeza de comunión eclesial, exhortó a los seminaristas a avanzar con paz y fidelidad, sabiendo que Cristo siempre nos precede en el camino.

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